Meine reise nach Berlin

por felixpons

Hace unas semanas tuve la suerte de poder acercarme a la capital de Alemania, y también centro neurálgico de la nueva Europa, Berlín. Una cosa tenía clara, había que visitar el Museo del Altar de Pérgamo. Durante años esta obra me seducía y nunca tuve ocasión de coger el avión hasta la teutona ciudad para disfrutar de ese monumento sin igual, y sin parangón, en el arte que todavía se conserva de la antigüedad griega.

Imagen

Antes hay que hacer un poco de historia sobre cómo llegó hasta el norte de Europa, piedra a piedra, esa maravilla de las costas jónicas hebreas, actual Turquía.El Museo de Pérgamo fue construido entre 1910 y 1930 bajo la supervisión de Ludwig Hoffmann, que trabajó a partir de diseños de Alfred Messel. Este edificio alojaría el friso del Altar de Pérgamo que se recuperó entre 1878 y 1886. Sin embargo una construcción deficitaria pronto dio lugar a daños en la estructura y el edificio tuvo que ser demolido, incluso antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. El museo resultante fue construido para ex profeso para albergar tan particular y grandiosa obra. Primero vino el altar y después, a su alrededor, se construyó el edificio. El nuevo Museo de Pérgamo fue concebido como un complejo de tres alas. Hoy, alberga tres museos distintos: la Colección de Antigüedades, el Museo del Antiguo Oriente y el Museo de Arte Islámico. Las obras de renovación se iniciaron en 2008, bajo la supervisión del arquitecto Oswald Mathias Ungers, y todavía están en marcha.

Imagen

Cuando entré en el singular edificio, me pareció como si estuviera en Port Aventura, o un ”Marina d’Or a la alemana”, todo estaba encapsulado de manera milimétrica muy a la manera organizativa alemana –“caps quadrats” es como les decimos en tierras mallorquinas-, no hay nada de margen para la inventiva y la sensación es que es un parque temático sin ningún tipo de respeto por la historia de los edificios que allí se muestran. La entrada al altar es una puerta pequeña que da a la escalinata. Eso sería válido si no fuera totalmente en contra de cómo lo percibían los ciudadanos de Pérgamo, ya que entraban por la parte posterior de la actual entrada, viendo de primeras los frisos de Zeus y Afrodita que les daban la bienvenida a esta enorme batalla que es la Gigantomaquia. Por lo tanto, la entrada actual es equivocada si quieres darte una idea de cómo podían sentirse los antiguos al visitar el edificio. Además poco o casi nada es de época antigua, mucho está reconstruido y lo poco que hay está colocado en sitios totalmente fuera de lugar –un ejemplo el mosaico que hay en el interior del patio superior, ya que no estaba en ese lugar en un principio, además que la longitud del patio es mínima y el friso colocado allí tampoco coincide con la ubicación original-. Eso hace que poco a poco tengas unos sentimientos encontrados; por un lado, son brutales algunas de las escenas que se conservan, pero también sientes que te han engañado como aquellos jubilados que se van de vacaciones y sólo los llevan para que compren jamones en la tienda del pueblo. Un 50% de mí estaba extasiado, el otro 50% ya se encontraba fuera del museo tomando una Coca-Cola bien fresca.

Imagen

El Altar de Pergamo me indignó, pero lo que vería a continuación sería de traca. Unos fuegos artificiales fatuos que hicieron de la visita al museo una cadena de “atracos a mano armada”. La puerta del Mercado de Mileto era la mejor conservada. Podías disfrutar de la visión espectacular de ese edificio romano –aunque lo que le rodeaba, esas estatuas y mosaicos no fueran de su misma época-. Lo que ocurría es que si mirabas por la puerta central del mercado, la imagen que tenías era la de una mastodóntica sala con esculturas de Uruk, Mesopotamia; todo muy freak. La puerta era como un agujero de gusano: ahora estoy en época romana, ahora en época mesopotámica… Un disparate. Solo se podía igualar a lo que sentí cuando estuve en Port Aventura, cuando cruzabas una puerta y dejabas China para visitar México.

No puedo más que darle una nota de 5 a mi visita a este complejo. Interesante es lo que se expone, pero decepcionante cómo se ha construido a su alrededor. El valor de la obra expuesta, a mi entender, se empequeñece por culpa de su posición dentro del museo.

Anuncios