La tortura como Patrimonio Cultural Español

por felixpons

Hay cosas que me repugnan, me indignan y me hacen sentir asco de pertenecer a una sociedad como la española. Una de estas es el ritual de la tauromaquia, denominada de manera altamente casposa como la “Fiesta Nacional”. No puedo esconder mi estupor al enterarme estos días que las corridas de toros es ya Patrimonio Cultural, después que el Senado aprobó, con los votos de la mayoría dictatorial del Partido Popular, la ley que protege la tauromaquia. Es una cosa incomprensible en una sociedad de un país al que muchos llamamos moderno o del siglo XXI.

A partir de ahora los festejos taurinos cuentan con una ley que garantiza su continuidad en el territorio español. Lo más chocante es que la proposición de ley es consecuencia de la Iniciativa Legislativa Popular, impulsada por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña para declarar las corridas como bien de interés cultural, tras la prohibición de los festejos en tierras catalanas. La jugada es fácil de comprender, algo así como “aquí no me escuchan -no tengo fuerza en la Generalitat-, al no tener una clara mayoría parlamentaria, pues me voy a España y allí que sí tengo quien me apoye –gracias a la flagrante mayoría del PP y acompañados de algún que otro socialista más españolista que el propio rey español Juan Carlos I- y así cambio todo el sistema de juego para que no tenga validez la prohibición que me han impuesto esos modernillos catalanistas y pueda continuar con mis labores sangrientas”.

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Según lo que cuenta el texto aprobado en estos últimos días, los toros son «cultura, comprendiendo otras facetas dignas de protección, aparte del propio espectáculo, ya que comprende todo un conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, que van desde la crianza del toro a la confección de la indumentaria de los toreros, la música de las corridas, el diseño y la producción de carteles». El patrimonio cultural como arma arrojadiza contra aquellos que no siguen los dictámenes partidistas, contra aquellos que piensan diferente. Además, si no fuera bastante con lo anterior, el Gobierno del Estado Español podría solicitar de manera formal a la UNESCO la inclusión de la tauromaquia como Patrimonio Cultural de la Humanidad… ¡Toma ya!. Si vamos a ser bestias, pues venga “a lo loco”, qué será lo próximo: la visión de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001 no como un atentado terrorista sino como la mayor performance cultural de la historia de la humanidad (al grito “abajo el capitalismo”), o la ablación del clítoris a niñas africanas como un ritual de lo habitual, “un pequeño corte y nada más, no seas exagerada hija mía”… ¿Nos hemos vuelto locos?

El antropólogo británico Julian Pitt-Rivers (1919-2001) observó que la corrida de los toros, no era ni una lucha ni un deporte competitivo porque el toro no tenía posibilidad de ganar y no había competencia entre las dos partes. Tampoco se podía considerar un espectáculo o una exhibición teatral porque no era de ninguna manera una representación de la realidad, sino que era una realidad en sí misma: los toros que morían en la arena lo hacían de verdad.

Las tradiciones cambian, los valores y los aspectos de la cultura que definen nuestra identidad colectiva no pueden mantenerse iguales mientras la sociedad evoluciona. Una cosa es cómo ha reflejado el mundo del arte este ritual ancestral, por ejemplo algunas obras de Picasso o Goya (ver imagen más abajo), o también multitud de fotografías y películas de cine que muestran las corridas. Aquí podemos decir que no hay que desprenderse del valor antropológico y/o estético de estas imágenes, pero si que hay que canalizarlas en su justa medida. Por buscar algo semejante: nadie piensa que la guerra es cultura, pero hay fenómenos artísticos que han reflejado los conflictos bélicos casi como si fueran “bellos u horrendos” ejercicios de acciones, o también de inacciones, humanas. Pero lo que se destaca en el caso de la corrida es una total discrepancia entre cultura y valores. Las corridas de toros están basadas en la tortura, el dolor y la matanza de los toros. Niegan los derechos de los animales y afirman el uso de la violencia y el maltrato. Hay que decir que en las sociedades de los pasados siglos estos valores no era presente pero hoy en día las cosas han evolucionado y los derechos de los animales deberían ser incluidos en nuestra cultura y nuestra sociedad porque valen más que todos estos tipos de tradiciones. Seamos serios señores y señoras, los tiempos están cambiando.

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Referencia:

Pitt-Rivers, J. Un ritual de sacrificio: la corrida de toros española. En Toros: Origen, culto y fiesta nº 36, Ortega y Gasset, Madrid, 1984.

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