Winter is coming

por felixpons

Parece que el largo verano que hemos sufrido este año se acerca a su fin. Ahora vendrán las bajas temperaturas, las gripes y constipados, además de las repetidas noticias de temporales de “extraordinario frío, lluvia y viento” como diría el gran comunicador de catástrofes Pedro Piqueras. Buscando entre el enjambre de información sobre alguna catástrofe medioambiental relacionada con el mundo del arte me he topado con las inundaciones que asolaron Florencia allá por 1966. Unos días donde la ciudad italiana se convirtió en la capital de la destrucción y del fango. No era la primera vez que la capital toscana era invadida por las aguas: ya antes en 1333, 1577 y 1844 la lluvia torrencial se llevó por delante todo lo que pudo. Las cuatro fueron dañinas, pero la más documentada, sin duda, es la gran inundación de 1966.

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El 4 de Noviembre el río Arno sobrepasó sus límites y la ciudad fue invadida por el agua.
 En menos de 24 horas las precipitaciones en la zona de Florencia ascendieron a más de 1900mm –cuando la precipitación media anual era de 921 mm en la misma zona-. Las aguas ocuparon el casco histórico florentino alcanzando más de 5 metros de altura en algunos puntos como la Piazza de la Santa Croce, y causando graves daños, sobre todo en el Ponte Vecchio.

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En los días siguientes toda la ciudad se volcó en las labores de limpieza. Además, miles de voluntarios llegaron para ayudar a quitar las toneladas de fango que lo había invadido todo. En total fueron unas ciento veinte mil personas que se empeñaron en devolver a la ciudad su anterior esplendor. Rescataron del lodo miles de ejemplares de antiguos libros de la Biblioteca Nacional y también más de 500 pinturas en lienzo y tabla. Se les llamó “Los Ángeles del Fango” y gracias a su desinteresada ayuda fue posible recuperar el patrimonio artístico de Florencia. El historiador Robert Clark en su obra Dark Water: Art, Disaster, and Redemption in Florence habla que el agua dañó o destruyó cerca de 14 mil obras de arte y alrededor de 4 millones de libros y manuscritos también fueron dañados. Expertos de todo el mundo llegaron a Florencia para ayudar a recuperar gran parte del arte, un trabajo que aún está en curso hoy en día.

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Entre las obras de arte destruidas o dañadas estaban las Puertas del Paraíso de Lorenzo Ghiberti o la Magdalena penitente de Donatello; pero una de las pérdidas artísticas más sentidas fue la del cristo de Cimabue, que quedó en un lamentable estado, perdiendo casi el 60% de su superficie pictórica. Se cuenta que al ser llevada a los talleres de restauración, la gente se arrodillaba y lloraba al ver su lamentable estado. Fue restaurada pero nunca ha podido volver a verse como antes de ese fatídico día.

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