Visita a la galería Estrany de la Mota de Barcelona

por felixpons

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El pasado 27 de noviembre visitamos la galería Estrany de la Mota de Barcelona. Es desde un principio un tanto peculiar ya que se encuentra en el sótano del edificio ubicado en el pasaje Mercader, 28 de la capital catalana. Desde una oscura escalera te adentrabas en una gran extensión que servía tanto de galería como de espacio multidisciplinar. Allí nos esperaba la galerista para darnos una charla sobre el funcionamiento de la galería y también para darnos unos consejos sobre las salidas ocupacionales que hay para un historiador de arte (que como las meigas, “haberlas haylas”). Fue una charla distendida y con un amplio conocimiento por su parte del panorama artístico, tanto de la ciudad condal como de todo el espacio europeo. Me dio a entender que estamos en el campo de las galerías todavía en pañales, en comparación a otras ciudades, sin ir más lejos por ejemplo Madrid que está muy por encima; si nos comparamos con Londres o París el resultado sería del todo sonrojante. Hay mucho camino por recorrer en este terreno, y eso hace que sea un punto de referencia a la hora de trabajar en ello (ya que seguramente peor no vamos a ir). Lo que me pareció un poco snob fue el consejo de patearnos las galerías y darnos a conocer, ya que en este mundillo todo el mundo se conoce y los contactos se hacen más por afinidad que por otra cosa. Vamos, da igual si te interesa o no lo que la galería ofrece, mejor es que te vean el “careto” y así tienen referencias de ti. Me parece un tanto frívolo tener que hacer la pelota como trabajo de campo, y no que te adentres en las galerías por conocimiento verdadero del trabajo que allí se hace y por afinidades culturales con lo que se expone a menudo.

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Después de las explicaciones pasamos a visitar la galería (ojo, más bien lo que nos mostró la galerista fue la exposición “Nou Origen” del colectivo Black Tulip).  Mejor no decir mucho sobre lo que pude ver, o sufrir, estando en el espacio de la exposición. Unos andamios colocados sin ton ni son, sin nada que decirme, sin emocionarme ni un ápice. He visto obras por las calles más “artísticas” que lo perpetrado por ese “paraguas” de artistas llamados Black Tulip. No es que no entendiera nada, es que parece que no había nada que entender. Eran fuegos artificiales con la pólvora mojada, auténtico esperpento que lo único que me manifestaba era mi ansia de escapar del local y beberme una cerveza bien fría, o alguna bebida espiritual mucho más fuerte. La visita que yo esperaba era aquella en la que pudiéramos entrar en el “backstage” de la galería: las oficinas, almacenes,… zonas ocultas para todos aquellos que van a visitar las exposiciones pero interesantes para aquellos historiadores del arte todavía nonatos. Desengaño, frustración y chasco por lo que pudo haber sido una salida excelente y se quedó simplemente en la cordialidad y magnetismo de la galerista. Espero volver a la galería otro día, cuando los andamios sean derruidos y tengan otro material expositivo un poco más acorde a mis gustos o aficiones.

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