La Capilla Sixtina y el profesor Beck

por felixpons

En las últimas décadas, la restauración de las principales obras de la historia del arte ha dado lugar a muchos debates sumamente controvertidos. Uno de los detractores más efusivos a muchas de estas restauraciones fue James Beck (1930-2007), profesor durante muchos años de Historia del Arte en la Universidad de Columbia. Afirmó por ejemplo que por culpa de los trabajos realizados en La Última cena de Leonardo de Vinci, debido al deterioro de la pintura al fresco así como las numerosas restauraciones a lo largo de su historia, sólo entre el 18 y el 20% del fresco en realidad queda ya por la diligente mano de Leonardo. El resto, afirmó, era el producto de los restauradores.

Otro proyecto de restauración de arte controvertido de las últimas décadas fue la limpieza de la Capilla Sixtina en el Vaticano. El Papa Julio II encargó a Miguel Ángel pintar el techo de la capilla en 1506, pero el artista no quería tener nada que ver con los frescos porque se veía a sí mismo como escultor y no pintor. En lugar de pintar el techo de la Sixtina, Miguel Ángel quería continuar trabajando en el proyecto de la tumba del propio Julio II. Pero cuando el Papa te pide que hagas algo, lo haces y te callas la boca. Así que Miguel Ángel finalmente accedió a pintar el techo de la Sixtina y poner el proyecto de la tumba en stand by.

Casi 500 años después, la Capilla Sixtina estaba en malas condiciones; cubierto de capas y capas de polvo, suciedad y hollín. Cientos de años del humo de las velas y la quema de carbón habían hecho mella en este tesoro vaticano. En los últimos siglos, la capilla había sido sometido a la contaminación excesiva e incluso el agua de la lluvia se filtraba en su interior y estropeaba la obra mucho más. Además, la Capilla Sixtina aguantaba hasta siete mil visitantes al día, hecho que incrementaba la suciedad y el dióxido de carbono exhalado por los alelados visitantes perjudicaba aún más las centenarias pinturas. Para acabarlo de rematar, las restauraciones anteriores habían hecho más daño que bien. En total, entre el siglo XVI hasta el siglo XIX, hubo tres restauraciones documentadas y al menos media docena de  “indocumentadas”. Durante una restauración, una solución pegajosa se aplicó a los frescos con la esperanza de que iba a “alegrar” los colores oscuros. Esto funcionó temporalmente, pero desde que se aplicó también tuvo el efecto perjudicial de la atracción, y la captura, de más suciedad y mugre en las pinturas.

Imagen

La ultima restauración se inició en 1980. La Nippon Television Corporation cubrió la factura y a cambio se le permitió hacer las fotografías exclusivas de todo el proceso. Las obras estuvieron dirigidas por Gianluigi Colalucci, jefe del laboratorio de restauración para pinturas de los monumentos papales, Piergiorgio Bonetti y Maurizio Rossi; siguiendo las reglas que había indicado Carlo Petrangeli para la restauración de pinturas murales. Uno de los problemas que tuvieron fue que Miguel Ángel apenas tenía ejemplos en pintura que los restauradores pudieran estudiar; comenzaron su trabajo casi a ciegas. Entre los años 1980 y 1984 se trabajó en la primera fase de la restauración que comprendía los lunetos y, desde 1984 hasta 1989 se llevaron a cabo las obras en la bóveda y, en 1994 se termina el Juicio Final siendo inaugurada ese mismo año por el entonces Papa Juan Pablo II. La última intervención fue la practicada en los frescos de las paredes que se inició en 1994 y terminó en 1999.

En un primer momento los restauradores decidieron experimentar en los frescos de la Capilla Sixtina no pintados por Miguel Ángel. Así estuvieron hasta que encontraron un método de limpieza que funcionó bien y así lo probaron luego en los frescos de Miguel Ángel. Los restauradores utilizaron un disolvente en el fresco, lo que causó que todo el polvo y la suciedad se congelara. Después de tres minutos, el disolvente y la mancha congelada de la suciedad se iba apagando gracias a que se trabajaba en ella con una esponja. A menudo, este proceso tuvo que ser repetido una y otra vez hasta que todas las capas de tierra habían sido removidas. En definitiva, fue un proceso laborioso y laborioso que duró catorce años. Después de completar la limpieza, el Vaticano instaló además un sistema de control ambiental que mantenía la temperatura y la humedad adecuada, cosa que evitaría el deterioro de la obra.

En 1994, la restauración completa fue revelada al mundo. A la mayoría de los espectadores y estudiosos les encantaron los resultados. Pero también hubo algunos que se oponían con vehemencia a la restauración, como James Beck que la apodó con un categórico “El desastre de la Restauración”.

Imagen

¿Cuáles fueron los problemas que vio Beck con la restauración?: una de sus quejas era que las capas de claroscuro que había aplicado el propio Miguel Ángel se habían despojado durante la limpieza. Para probar su punto, utilizó las fotografías de antes y después de la restauración, donde se apreciaba la aniquilación de estos claroscuros. Otra preocupación de Beck era el brillo de los colores que fueron revelados bajo la suciedad y la mugre, el historiador afirmaba que Michelangelo prefería los tonos más oscuros, aquellos que estaban en la Capilla Sixtina sin restaurar y que ahora eran más cercanos a un estilo cartoon o disneysiano. “No estoy en contra de la restauración. Pero sí me opongo a toda restauración que tenga como objeto el embellecimiento de la obra. Sólo estoy a favor de las restauraciones o tratamientos para la conservación de las obras de arte. Si la obra está en peligro, debido a la contaminación u otro factor de riesgo, hay que hacer algo inmediatamente. Pero hacerlo para que parezca más atractiva para el público lo considero una grave tragedia. Lo que hoy consideramos más hermoso es probablemente muy distinto a lo que sus autores buscaron”, afirmaba el historiador del arte.

Imagen

En su libro, junto a Michael Daley, La restauración de obras de arte: negocio, cultura, controversia y escándalo afirmó que en la restauración de la Capilla Sixtina, en su afán de limpieza, acabaron con los barnices que aplicó el propio Miguel Ángel. Según su estudio, el triunfalismo de los restauradores de la Capilla Sixtina al declarar que su trabajo descubría en Miguel Ángel a un colorista hasta ahora desconocido era sólo una forma de vender su gran e irreparable equivocación.”Los documentos de la época de Vasari y otros contemporáneos, se refieren a lo sombrío de los colores de este gran escultor. Alaban la obra, pero no se refieren en absoluto al color”, sentenciaba el historiador norteamericano. Para él la restauración era absolutamente innecesaria, ya que sólo se buscaba hacer la obra de arte más fotogénica, en consonancia con el gusto contemporáneo.

Ver la Capilla Sixtina en vivo es una experiencia mística, profunda, casi una epifanía, pero hay que tener mucho cuidado en “meter mano” a esas obras de siglos anteriores y dejarlas para el público de ahora, ya que dentro de unos años nosotros seremos polvo… pero esas creaciones han de ser contempladas por generaciones venideras, pudiendo ser que no comprendan el gusto que tenemos en la actualidad y queden del todo desvirtuadas.

Imagen

Obra de referencia:

Beck y Daley, La restauración de obras de arte: negocio, cultura, controversia y escándalo, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1997.

Anuncios